Las enfermedades hepáticas en los perros

Pídale a cualquiera que nombre los órganos vitales de un perro y obtendrá lo habitual: riñón, corazón, pulmones, cerebro… pero por alguna razón la gente sigue olvidándose del hígado. Puede que no parezca realmente importante y dé la impresión de ser simplemente una gran masa de tejido de color marrón fangoso que se encuentra inmóvil en el abdomen. Pero no se deje engañar, el hígado es tan vital para la vida como puede serlo cualquier otro órgano.

Debido a su papel fundamental en el cuerpo, el hígado es susceptible a una amplia variedad de problemas que pueden amenazar la salud de los perros, por lo que es importante que los propietarios sean conscientes de los signos y las causas de las enfermedades del hígado para mantener a su mascota en un estado óptimo de salud.

Señales de enfermedades hepáticas en los perros

El hígado es un órgano polivalente: desintoxica la sangre, ayuda a descomponer los medicamentos, metaboliza las fuentes de energía, almacena vitaminas y glucógeno, produce los ácidos biliares necesarios para la digestión y fabrica importantes proteínas necesarias para la coagulación de la sangre. Debido al papel que desempeña, en segundo plano, en tantas funciones corporales importantes, la enfermedad hepática puede manifestarse com una amplia variedad de síntomas, según la función vital afectada. Las enfermedades hepáticas suelen tener un efecto de cascada en otros sistemas del cuerpo.

Uno de los síntomas más comunes de la enfermedad hepática es la ictericia, una tonalidad amarillenta en la piel que se nota más a menudo en los ojos, las encías y las orejas. El hígado es responsable de la excreción de bilirrubina, un subproducto de la descomposición de los glóbulos rojos. Cuando el hígado no funciona como debería, esta bilirrubina se acumula en la sangre y da lugar a la aparición de un color amarillento en el afectado.

La encefalopatía hepática es otra secuela común de las enfermedades del hígado. La encefalopatía hepática se refiere a un conjunto de signos neurológicos que se producen en los animales domésticos con enfermedades hepáticas e incluye convulsiones, desorientación, depresión, presión en la cabeza, ceguera o cambios de personalidad.

Otros síntomas comunes de la enfermedad hepática son los signos gastrointestinales, como la disminución del apetito, los vómitos y la diarrea, la pérdida de peso, el aumento de la sed y la micción, y los cambios en el color de las heces. Los perros pueden desarrollar retención de líquidos en el abdomen, lo que comúnmente se conoce como ascitis.

Su veterinario puede recomendar pruebas de diagnóstico para evaluar la función del hígado de su mascota y determinar la causa de la enfermedad hepática. Las pruebas comúnmente recomendadas son análisis de sangre, ultrasonidos abdominales, rayos X y análisis de orina.

 

Trastornos comunes del hígado canino

En los perros jóvenes, uno de los trastornos hepáticos más comunes es un defecto de nacimiento llamado derivación portosistémica congénita. En estos casos, se presenta un vaso sanguíneo que pasa por alto el hígado, causando una acumulación de toxinas de las que el hígado normalmente se ocuparía. Se sospecha que las derivaciones portosistémicas congénitas se producen en perros jóvenes que tienen un crecimiento atrofiado, desarrollan convulsiones o parecen desorientados.

En los perros mayores, es más común ver derivaciones adquiridas, que se desarrollan cuando hay una derivación de la presión sanguínea en el hígado debido a la hipertensión o la cirrosis. En un esfuerzo por evitar la región «atascada», crecen nuevos vasos que evitan el área bloqueada, pero también evitan las propias células del hígado.

El tratamiento depende de la anatomía de la derivación. Si consiste en un vaso grande fuera del hígado, como es más común con las derivaciones congénitas en perros de raza pequeña, la cirugía puede ser muy exitosa. Las derivaciones dentro del hígado o las que consisten en múltiples vasos pueden no ser reparables quirúrgicamente, y en esos casos el paciente debe ser manejado con una dieta baja en proteínas y medicamentos para ayudar a reducir la cantidad de toxinas en la sangre. En estos casos, el problema del hígado no se cura, sino que se hace hincapié en el control de los síntomas.

Enfermedades endocrinas

Ciertas enfermedades que afectan a las glándulas endocrinas pueden provocar problemas hepáticos. La diabetes mellitus, el hiperadrenocorticismo (enfermedad de Cushing) y el hipertiroidismo pueden causar una función hepática deficiente debido a sus efectos en el órgano. En estos casos, el tratamiento de la enfermedad endocrina subyacente es el componente más importante para mejorar la función hepática.

Enfermedades infecciosas

Debido a que todo el volumen de sangre pasa por el hígado, es especialmente susceptible a una variedad de enfermedades infecciosas. El hígado puede estar infectado por bacterias, virus, parásitos u hongos. La enfermedad viral más común asociada con el hígado canino es la hepatitis canina infecciosa, que puede causar inflamación y cicatrices. Esta es una enfermedad que se puede prevenir con una vacuna.

La leptospirosis es una infección bacteriana que puede provocar una enfermedad hepática, aunque muchas personas la asocian más con la enfermedad renal. Los perros se infectan con leptospirosis a través de fuentes de agua contaminadas, y la enfermedad puede propagarse a los humanos.

La leptospirosis se diagnostica por medio de un análisis de sangre o una biopsia de tejido. Si bien puede ser difícil de diagnosticar debido a la amplia variedad de signos clínicos no específicos, la infección bacteriana se puede eliminar con un tratamiento temprano. El daño secundario en el hígado y los riñones puede ser permanente. Existen vacunas comerciales contra la leptospirosis para los perros en riesgo.

La coccidioidomicosis y la histoplasmosis son las causas fúngicas más comunes de las enfermedades del hígado. Los perros se exponen a ellas a través de esporas en el ambiente. Estas infecciones fúngicas pueden ser difíciles de eliminar y a menudo requieren meses de tratamiento con medicamentos antimicóticos. Debido a la dificultad de tratar la enfermedad fúngica del hígado, el pronóstico a largo plazo es reservado.

Masas de hígado

Los perros son susceptibles a varios tipos de masas hepáticas. Los quistes hepáticos pueden estar presentes desde el nacimiento o adquirirse con la edad. Aunque a menudo son benignos, los quistes grandes o en crecimiento pueden causar síntomas de enfermedad hepática. La escisión quirúrgica suele ser curativa.

Cáncer de hígado

El cáncer de hígado se presenta en dos formas principales: tumores primarios, que se originan en el hígado, y tumores secundarios o metastásicos, lo que significa que se propagan desde otra área del cuerpo. Los tumores primarios son menos comunes que los metastásicos. Según el tipo de cáncer, la ubicación y el número de masas, los tratamientos pueden incluir cirugía, quimioterapia, radiación o una combinación.

Enfermedades hepáticas específicas de la raza en los perros

Ciertas razas de perros están predispuestas a condiciones hepáticas específicas. La enfermedad del almacenamiento de cobre es un problema conocido en los Bedlington Terriers, Dobermans, Skye Terriers y West Highland White Terriers. En estos perros un defecto metabólico hace que el cobre permanezca en el hígado, llevando a una hepatitis crónica.

La amiloidosis, causada por una proteína malformada que se acumula en las células, es una enfermedad de los Shar-peis chinos.

¿Es la enfermedad hepática fatal para los perros?

Dependiendo de la gravedad de la enfermedad y de si la causa subyacente puede ser tratada o eliminada, el pronóstico de la enfermedad hepática canina varía. Si la causa se trata antes de que se produzcan daños a largo plazo, el pronóstico puede ser excelente. El hígado es el único órgano visceral que se sabe que se regenera, por lo que en ese aspecto es verdaderamente notable.

Sin embargo, las enfermedades hepáticas crónicas o severas tienen un pronóstico más pobre. En esos casos, el tratamiento se limita a controlar la progresión de la enfermedad y a minimizar los síntomas.

El tratamiento veterinario más común incluye una dieta de más carbohidratos y menos proteínas para reducir la cantidad de amoníaco circulante en el torrente sanguíneo, suplementos vitamínicos, lactulosa para aglutinar las toxinas en el intestino, antibióticos y vitamina K si el paciente tiene problemas de hemorragia. Es esencial que el veterinario vigile regularmente a su mascota si tiene una enfermedad hepática para controlar los síntomas.

Incluso con un tratamiento intensivo, muchos perros mueren a causa de su enfermedad, aunque un buen control prolonga la duración y la calidad de sus vidas.

La intervención y el tratamiento temprano es uno de los factores clave para tratar la enfermedad hepática y prevenir los signos graves.

¿Cómo se pueden prevenir las enfermedades hepáticas en los perros?

No todos los casos de enfermedad hepática pueden prevenirse, pero ciertas precauciones pueden reducir el riesgo de enfermedades específicas. Los perros deben ser vacunados contra la hepatitis canina infecciosa y, en algunos casos, contra la leptospirosis. Mantenga a su mascota alejada de las toxinas conocidas. Y lo más importante, conozca los signos de la enfermedad hepática y vea al veterinario lo antes posible si está preocupado.

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