Riesgos del uso de anestesia en los perros

Si se encuentra en la situación de que su mascota necesite someterse a algún tipo de cirugía es probable que puedan surgirle algunos miedos y temores. Cómo es normal, la mayoría de los cuidadores se preocupan mucho más por el resultado final que por lo que pueda sucederle a la mascota durante la intervención. Pero debe saber que, aunque la anestesia es una parte crítica y necesaria del proceso quirúrgico de su mascota, existen algunos riesgos que los dueños de mascotas deben tener en cuenta para ayudar a garantizar el éxito de la cirugía.

Vamos a intentar ofrecer más información sobre estos riesgos y las preguntas que debe hacer a su veterinario antes de que su mascota se someta al proceso quirúrgico.

¿Por qué necesitan anestesia las mascotas?

Según la Dra. Diana Méndez, anestesióloga veterinaria de práctica privada y profesora, el grado de sedación o anestesia que su mascota requerirá depende del procedimiento o estímulo que necesite.

Un veterinario no puede hacer un trabajo adecuado si el animal tiene la posibilidad de moverse o de morder alguno de los tubos en quirófano. La única forma en que un animal tolerará un tubo de respiración es si está inconsciente.

Cuanto más doloroso sea el procedimiento, más profunda será la anestesia requerida. La sedación produce un efecto más suave que la anestesia y es utilizado para procedimientos menos invasivos como ultrasonidos, cambios de vendas y curación de heridas menores.

Al igual que en los humanos, a su mascota se le puede administrar anestesia local, que afecta a una zona localizada del cuerpo, para intervenciones como la eliminación de una pequeña masa de piel.

La anestesia general se utiliza para procedimientos más dolorosos, como la esterilización o la castración, la extracción de masas, las fracturas, las cirugías de emergencia, las reparaciones de laceraciones o las masas abdominales. En este estado, su mascota está inconsciente y es incapaz de responder a los estímulos. La anestesia general también es recomendada en ocasiones para los problemas dentales, para proteger las vías respiratorias de su mascota y ayudar con la respiración mientras se practica una limpieza del sarro de los dientes.

Riesgo 1: La edad de su mascota

Los cachorros y perritos mayores de tres meses pueden ser sedados o anestesiados, pero es posible que no respondan tan bien a los medicamentos porque sus órganos aún no funcionan a plena capacidad. Su menor tamaño y la menor cantidad de grasa corporal también los hace más susceptibles a la hipotensión, por lo que es importante mantenerlos calientes durante la cirugía.

Por el contrario, los órganos de una mascota mayor pueden no funcionar plenamente, y la anestesia puede alterar aún más esa función. Específicamente, si un animal mayor tiene baja presión sanguínea, su flujo sanguíneo podría no ser óptimo y podría acabar con la pérdida de la funcionalidad de los órganos, especialmente el hígado y los riñones.

Las mascotas de edad avanzada a menudo sufren una variedad de dolencias como diabetes, enfermedades cardiovasculares y artritis que pueden dar lugar a complicaciones con la anestesia. El riesgo con las mascotas mayores está más relacionado con cualquier enfermedad médica subyacente que puedan tener. Debemos tener especial cuidado con la posición de las mascotas mayores durante la cirugía para ayudar a proteger sus articulaciones, especialmente si sufren de artritis.

Como con todos los animales, las mascotas mayores deben ser preparadas para la anestesia haciendo un análisis de sangre de control antes de la cirugía para que su veterinario pueda identificar cualquier problema subyacente y estar preparado si se da el caso.

Riesgo 2: El peso de su mascota

Si su mascota ha aumentado o perdido unos cuantos kilos, es posible que el veterinario tenga que ajustar la dosis de medicamento recomendada y adaptarla al peso corporal individual de su mascota para que tenga un equilibrio adecuado. Los animales más pequeños necesitarán menos medicamentos porque hay menos músculo y grasa para que los medicamentos se redistribuyan.

Las medicinas pueden hacer efecto durante más tiempo si no hay grasa corporal en el animal. Los pacientes más delgados también tienden a enfriarse. Su presión sanguínea disminuye con la anestesia y su tasa metabólica es menor. Es importante mantenerlos calientes durante el procedimiento.

Un animal con sobrepeso puede ser difícil de posicionar durante la cirugía y puede tener problemas respiratorios. Hay tanta grasa y tejido a lo largo de la pared torácica, que dificulta la expansión de los pulmones y la obtención de suficiente oxígeno. No respirarán bien por sí mismos. La anestesia reduce los niveles de respiración, así que es habitual utilizar en estos casos una ventilación asistida mediante un tubo de respiración.

Riesgo 3: La raza de su mascota

Debido a la forma de sus rostros y a sus narices más cortas, las razas braquicefálicas, como los pequineses, los boston terriers y los carlinos, pueden ser más difíciles de sedar o anestesiar.

Corren un mayor riesgo durante la anestesia porque tienen conductos nasales más pequeños. Así que tienden a tener problemas con las vías respiratorias. También pueden tener paladares blandos y largos, lo que puede dificultar la respiración después de la anestesia.

Los perros con un historial de colapso traqueal, como los caniches, los yorkshire y los pomeranos, también corren un mayor riesgo. En casos de colapso traqueal, los dueños deben ser conscientes de que su mascota probablemente toserá con más frecuencia durante la semana siguiente a la intubación. Se administran supresores de la tos y, en algunos casos, antibióticos y esteroides para reducir las posibilidades de infección e inflamación después de la intubación. El colapso traqueal es una respuesta crónica y progresiva en los animales afectados. Los pacientes con diagnóstico o sospecha de colapso traqueal se dejan intubados el mayor tiempo posible para ayudar a que la inflamación se disipe y para permitir una vía respiratoria abierta mientras se recuperan.

Riesgo 4: Condiciones médicas previas

En general, los riesgos de la anestesia para las mascotas son bajos. En un estudio multi-institucional británico, se obtuvo como resultado que los perros sanos tienen un riesgo del 0,05% de morir durante la anestesia, mientras que la de los perros enfermos fue del 1,3%.

La anestesia debe reconsiderarse si los riesgos de administrarla superan el beneficio que su mascota obtendrá de la proceso quirúrgico. También si su mascota tiene una enfermedad cardíaca, de las vías respiratorias, traqueal o pulmonar, o si necesita algún tipo de procedimiento o cirugía más prolongados. En estos casos es recomendable buscar una clínica veterinaria especializada con un anestesiólogo en el personal.

Si su mascota tiene insuficiencia cardíaca, lo primero es controlarla antes de la anestesia. El corazón no está bombeando adecuadamente, así que tienes que tratar eso primero y luego puedes hacer el procedimiento.

Otras afecciones médicas preexistentes que pueden hacer que la anestesia suponga más riesgos incluyen enfermedades hepáticas o renales, diabetes no regulada, miopatía y deshidratación. Es importante informar detalladamente a su veterinario de la edad de su mascota, su historial médico y la gravedad de cualquier enfermedad o condición preexistente antes de cualquier procedimiento de cirugía.

Es importante obtener un perfil de salud completo y una base de los análisis de sangre realizados antes de la cirugía. No necesariamente afecta el resultado de la anestesia, pero da una idea de cualquier problema subyacente.

Preguntas para hacer antes de sedar a su mascota

A diferencia de la medicina humana, en la que los pacientes son remitidos a especialistas, no siempre es la norma que una clínica veterinaria privada tenga un anestesiólogo en su plantilla, ya que se supone que la mayoría de los veterinarios tienen ciertos conocimientos en esta materia.

Sin embargo, muchos centros veterinarios tienen técnicos certificados en su personal que se encargan de la anestesia. Es importante tener el personal adecuado y capacitado para monitorear los signos vitales del animal, incluyendo el ritmo cardíaco, la respiración, la oxigenación y el ritmo cardíaco cada cinco o diez minutos. Si surge una disminución en estos niveles, será posible reconocerla de inmediato y hacer algo al respecto antes de que las complicaciones aumenten.

Independientemente de quién anestesie a su mascota, le animamos a hacer las siguientes preguntas antes de la cirugía de su mascota:

  • ¿Habrá un anestesiólogo, un veterinario, una enfermera acreditada o un técnico certificado que supervisen a mi mascota durante la anestesia?
  • ¿Esta persona sabe cómo monitorear las máquinas?
  • ¿Monitoreará la presión sanguínea, la respiración y la oxigenación?
  • ¿Va a haber alguien vigilando a mi mascota todo el tiempo o estará deambulando por el hospital durante el procedimiento?
  • ¿Tocará alguien a mi mascota para controlar cómo se siente físicamente y si su pulso es normal?
  • ¿Varían los protocolos de anestesia en función de las necesidades individuales de un paciente?
  • ¿Cómo se controla el dolor?
  • ¿Cómo es el período de recuperación después de la cirugía? ¿Quién cuidará a mi mascota durante ese tiempo?

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